A las cuatro paredes
al sol
a nosotras esquinadas
ofreciendo rodillas
de mirar asustado
A tus sabios zapatos
que logran la vereda opuesta
a mi muerte
A las corvas insensibles
al vestigio de abrazo
que me lanza de vuelta a tu pecho
ese cuadrado abierto de mundo
que yo abarco
cuando abato las murallas
con el silbido audaz
de la memoria
(A las mujeres prisioneras políticas
de las cárceles chilenas)